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5 formas en las que no deberías ser como Jesús

13/10/2021

Jesús mayor que yo

Una de las formas más comunes en que la gente se relaciona con Jesús es viéndolo como un ejemplo a seguir. Esta idea se recoge en la popular frase moderna "¿Qué haría Jesús?" o en el acrónimo WWJD (siglas en inglés de “What would Jesus do?”). Incluso muchos no cristianos reconocen a Jesús como un ejemplo moral positivo. Aunque no es la forma principal de relacionarnos con Jesús -relacionarse con él como creador, sustentador y redentor sí lo es-, seguir su ejemplo es totalmente bíblico.

Sin embargo, hace poco tuve una discusión con alguien que dijo algo así: "Soy un seguidor de Jesús. Si Jesús obedeció la ley, entonces yo también lo haré". Aunque suena bíblico en la superficie, es erróneo. En esta entrada, me gustaría examinar brevemente lo que la Biblia enseña sobre ser como Jesús y luego ofrecer algunas advertencias contra un enfoque demasiado simplista para tratar de ser como Jesús, en el que tratamos de seguirlo de manera que nunca debimos hacerlo. Los que razonan así tienen las mejores intenciones, pero en lugar de honrar a Jesús pueden deshonrarlo.

El llamado a ser como Jesús

La Biblia está llena de llamadas explícitas e implícitas, directas e indirectas, a ser como Jesús.

Ser como Jesús

Jesús y los apóstoles llaman a los cristianos a ser como Jesús en su abnegación, humildad, servicio, amor a los demás, pureza y disposición a sufrir.

Pues si Yo, el Señor y el Maestro, les lavé los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que como Yo les he hecho, también ustedes lo hagan.
En verdad les digo, que un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió. Si saben esto, serán felices si lo practican.
– Juan 13:14–17

Un mandamiento nuevo les doy: “que se amen los unos a los otros”; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros».
– Juan 13:34–35

Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo.
– 1 Corintios 11:1

Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo.
Sean, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y anden en amor, así como también Cristo les amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.
– Efesios 4:32-5:2

Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.
Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de Su cuerpo. Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.
– Efesios 5:25-33

Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
– Filipenses 2:5-8

Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos
– 1 Pedro 2:21

Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, ármense también ustedes con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado
– 1 Pedro 4:1

Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense, para que también en la revelación de Su gloria se regocijen con gran alegría.
– 1 Pedro 4:13

El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.
– 1 Juan 2:6

Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es. Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro.
– 1 Juan 3:2-3

En esto conocemos el amor: en que Él puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
– 1 Juan 3:16

En esto se perfecciona el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como Él es, así somos también nosotros en este mundo.
– 1 Juan 4:17

Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero.
– Apocalipsis 14:4

Podríamos añadir a esta lista los 22 lugares en los que Jesús dice alguna forma de "Sígueme" (Mt 4:19; 8:22; 9:9; 10:38; 16:24; 19:21, 28; Mc 1:17; 2:14; 8:34; 10:21; Lc 5:27; 9:23, 59; 14:27; 18:22; Jn 1:43; 8:12; 10:27; 12:26; 21:19, 22), lo que implica tanto obedecer su enseñanza como seguir su ejemplo.

Ser como Dios

Varios textos llaman a los creyentes a ser como Dios. Puesto que Jesús es Dios (Is 9:6; Mt 1:23; Jn 1:1, 18; 8:58; 10:30; 20:28; Ro 9:5; Fil 2:6; 1 Ti 3:16; Tt 2:13; Heb 1:3, 8; 2 Pe 2:1; 1 Jn 5:20; Ap 1:17; 2 8; 22:13) y manifiesta cómo es Dios (Jn 1:1, 18; 8:19; 12:45; 14:7, 9; 2 Co 4:4; Col 1:15; Heb 1:3), estos textos son llamadas indirectas a ser como Jesús.

Porque Yo soy el Señor su Dios. Por tanto, conságrense y sean santos, porque Yo soy santo. No se contaminen, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra.
– Levítico 11:44

«Habla a toda la congregación de los israelitas y diles: “Santos serán porque Yo, el Señor su Dios, soy santo.
– Levítico 19:2

Santifíquense, pues, y sean santos, porque Yo soy el Señor su Dios.
– Levítico 20:7

Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto.
– Mateo 5:48

Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso.
– Lucas 6:36

Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo.
Sean, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y anden en amor, así como también Cristo les amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.
– Efesios 4:32-5:2

Hagan todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo
– Filipenses 2:14-15

sino que así como Aquel que los llamó es Santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir. Porque escrito está: «Sean santos, porque Yo soy santo».
– 1 Pedro 1:15-16

Los conceptos teológicos de (1) ser a imagen de Dios (imago dei), (2) ser hijos de Dios, (3) nuestra unión con Cristo, y (4) teosis o deificación1 implican todos ellos semejanza con Dios, y a esta lista se podrían añadir los numerosos textos de cada uno de ellos. Pero esto es suficiente para demostrar que los creyentes están llamados a ser como Jesús, que es como Dios.

Ser como otros creyentes

Numerosos textos también nos llaman a seguir el ejemplo de otros creyentes, ya que ellos están siguiendo el ejemplo de Cristo. Por tanto, estos textos también son llamadas indirectas a ser como Jesús.

Por tanto, los exhorto: sean imitadores míos.
– 1 Corintios 4:16

Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo.
– 1 Corintios 11:1

Les ruego, hermanos, háganse como yo, pues yo también me he hecho como ustedes. Ningún agravio me han hecho.
– Gálatas 4:12

Hermanos, sean imitadores míos, y observen a los que andan según el ejemplo que tienen en nosotros.
– Filipenses 3:17

Lo que también han aprendido y recibido y oído y visto en mí, esto practiquen, y el Dios de paz estará con ustedes.
– Filipenses 4:9

Y ustedes llegaron a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo, de tal manera que llegaron a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya.
– 1 Tesalonicenses 1:6-7

Pues ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro ejemplo, porque no obramos de manera indisciplinada entre ustedes, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con dificultad y fatiga trabajamos día y noche a fin de no ser carga a ninguno de ustedes.
– 2 Tesalonicenses 3:7-8

No permitas que nadie menosprecie tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza.
– 1 Timoteo 4:12

a fin de que no sean perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.
– Hebreos 6:12

Acuérdense de sus guías que les hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imiten su fe.
– Hebreos 13:7

pastoreen el rebaño de Dios entre ustedes, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que les han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño.
– 1 Pedro 5:2-3

Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios. El que hace lo malo no ha visto a Dios.
– 3 Juan 11

Por lo tanto, está claro que los creyentes deben ser como Jesús.

Formas en las que no debemos tratar de ser como Jesús

Sin embargo, sería un error concluir que debemos intentar ser como Jesús en todo lo que hizo. Hay al menos cinco formas en las que no deberíamos tratar de seguir el ejemplo de Jesús, al menos no exactamente y sin reconocer la singularidad de Jesús.

1. Como Hijo sobrenatural, divino y único de Dios

Jesús fue y es el Hijo único, divino y co-igual de Dios. Es el Hijo único (μονογενής) (Jn 1:14, 18; 3:16, 18; 1 Jn 4:9) y el preeminente (πρωτότοκος) sobre toda la creación (Col 1:15, 18; Rom 8:29; Heb 1:6; 12:23; 1:5). Como tal, poseía atributos, privilegios y relaciones únicas que le pertenecen sólo a él.

No podemos ni debemos intentar parecernos a él en las formas en que él es exclusivamente Dios. Los teólogos han llamado a estos atributos incomunicables de Dios. Ser como Jesús no incluye ser como él en su soberanía e inmutabilidad, por ejemplo. Nuestra respuesta a sus atributos incomunicables debe ser el asombro, la adoración y la confianza, no la imitación.

2. Como el Mesías prometido

Jesús era el que el Antiguo Testamento prometía y anticipaba, el que el pueblo fiel de Dios anhelaba y necesitaba tan desesperadamente. Era el profeta como Moisés (Dt 18:15, 18; Jn 6:14; 7:40; Jn 1:21, 25), el mejor sacerdote según el orden de Melquisedec (Sal 110:4; Hb 5:6, 10; 6:20; 7:11, 15, 17) y el mejor rey en la línea de David (Hch 2:25-36; 13:22-23, 32-39; 15:14-18; Rm 1:3; 2 Ti 2:8; Ap 5:5; 22:16). Como profeta representaría a Dios ante el hombre, revelando a Dios y su voluntad al mundo. Como sacerdote llevaría al hombre ante Dios, tratando con su pecado y representándolo ante él mediante la expiación y la intercesión. Como rey, gobernaría en los corazones de su pueblo y reinaría sobre todas las cosas para su bien.

Lo que Jesús hizo y sigue haciendo en cada una de estas funciones mesiánicas sólo él podía hacerlo. Nosotros no podemos ser lo que es en estas formas. Aunque Jesús nos invita a participar con él en cada una de estas funciones mediadoras (profetas: Mat 5:14; 28:18-20; Hch 2:17-18; 1 Pe 4:10-11; sacerdotes: Éxodo 19:6; Isaías 61:6; Mateo 16:19; 18:18; Juan 20:23; 1 Pedro 2:5, 9; Apocalipsis 1:6; 5:10; 20:6; reyes: Mat 19:28; Lc 22:28-30; Ap 3:21; 5:10; 20:4, 6), no estamos llamados a ser el Mesías, a cumplir estos tipos, sombras y profecías del Antiguo Testamento, a ser el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2:5). Debemos reconocerlo y adorarlo como el único Cristo, el ungido de Dios, aunque participemos con él en sus funciones mediadoras.

3. Como Salvador del mundo

Estrechamente relacionada con su identidad como el Mesías prometido -en particular su función de sumo sacerdote- está la labor de Jesús como Salvador del mundo (Juan 4:42; 1 Juan 4:14), el que vino a vivir y morir por su pueblo (Juan 10:11, 15; Ef 5:25), a hacer expiación por sus pecados (Heb 2:17), a salvarlos (Mat 1:21) y a llevarlos a Dios (1 Pe 3:18).

No estamos llamados a ser salvadores, a vivir y morir en sustitución de otros. En cambio, estamos llamados a ser portadores de este mensaje al mundo (Mat 28:18-20; 2 Cor 5:20; Col 1:28). Sin duda, hay aspectos de la obra de Jesús de los que podemos aprender y poner en práctica (por ejemplo, 1 Juan 3:16), pero no debemos pasar por alto la enorme diferencia entre lo que hizo Jesús y la forma en que estamos llamados a emular el amor sacrificado que motivó su vida y su muerte. Nuestra principal respuesta a la obra expiatoria de Jesús debe ser la creencia, la confianza, la gratitud y la proclamación.

4. Como el último Adán sin pecado

Aunque Jesús fue tentado como nosotros (Mat 4:1-11; Mc 1:12-13; Lc 4:1-13; Heb 2:18; 4:15), no tuvo pecado (Jn 8:46; Heb 4:15; 1 Jn 3:5). Jesús fue enviado por Dios para ser el último Adán, la cabeza federal de una nueva humanidad. Donde el primer Adán fracasó, Jesús triunfó. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Debemos orar para no caer en la tentación (Mt 6:13; Lc 11:4), trabajar para evitarla (1 Co 7:5; Gál 6:1) y huir de ella cuando la encontremos (1 Co 6:18; 10:14; 1 Ti 6:11; 2 Ti 2:22), sabiendo que Dios nos proporcionará una vía de escape (1 Co 10:13).

Mientras que Jesús fue llevado a la batalla como un guerrero para luchar y derrotar al maligno, nosotros no debemos ser tan audaces. Sí, tenemos el mismo Espíritu (Juan 14:17; Rom 8:9, 1; 1 Cor 6:19) y el mismo poder de resurrección actuando en nosotros (Rom 8:11; Ef 1:19-20). Pero no tenemos el mismo llamado.

5. Como el creyente supremo del Antiguo Pacto

Jesús, con su muerte y resurrección, instituyó el Nuevo Pacto (Lucas 22:20; 1 Cor 11:25; 2 Cor 3:6; Heb 8:6-8; 9:15; 12:24). Naturalmente, Jesús vivió su vida antes de morir, lo que significa que vivió bajo el Antiguo Pacto (2 Cor 5:17; Heb 8:13). Como fiel creyente del Antiguo Pacto, siguió la ley de Moisés (Gálatas 4:4-5), a la vez que la interiorizó, interpretó, cumplió y transformó -y, en cierto sentido, la sustituyó por su nuevo mandato de amar (Jn 13:34).

Sería teológicamente erróneo y redentoramente miope concluir que los cristianos deben vivir bajo la ley mosaica porque se supone que debemos seguir el ejemplo de Jesús y él vivió bajo ella. Cristo cumplió la ley de Moisés (Mt 5:17-18; Lc 24:44; Rm 10:4; Gál 3:13, 24), y los creyentes ya no están bajo ella (Rm 6:14-15; 7:4; 1 Co 9:20; Gál 3:23; 4:21; 5:18) sino bajo la ley de Cristo (1 Co 9:21; Gál 6:2; Santiago 2:8), el mandamiento del amor, que cumple todos los requisitos de la ley de Moisés (Mat 7:12; Rom 13:8-10; Gal 5:14; 6:2)2. Si intentamos ser como Jesús en su obediencia a la ley de Moisés, no le honramos. En cambio, lo deshonramos al no vivir de una manera que demuestre que el Antiguo Testamento y todos sus tipos, sombras y profecías eran temporales y estaban diseñados para señalar a Cristo.

Como dijo Pablo,

Por tanto, que nadie se constituya en juez de ustedes con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo, cosas que solo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo.
– Colosenses 2:16-17

Conclusión

Está claro que estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús y ser como él.

Fuimos hechos a imagen de Dios (Gn 1:26-27; 9:6; 1 Cor 11:7) y fuimos diseñados para ser como (Rom 8:29; 1 Cor 15:49; 2 Cor 3:18) el que es la imagen de Dios (2 Cor 4:4; Col 1:15) y reflejar cómo es Dios. Así, cumplimos el propósito para el que fuimos creados al ser como Dios, lo que se ve más claramente en Jesús.

El diseño de Dios desde el principio fue crear miles de millones de pequeños reflejos de Jesús. Romanos 8:29 captura este propósito maravillosamente:

Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Pero no debemos seguir a Jesús de forma indiscriminada y despreocupada. Debemos entender cómo nuestro ser como Jesús encaja en el diseño creativo y redentor de Dios para nosotros y en el desarrollo progresivo de su plan eterno, de una manera que exalte a Jesús como el único Hijo de Dios, mediador, Salvador, último Adán y creyente supremo del Antiguo Pacto.


1 La teosis o deificación, el logro de la unión con Dios, no se refiere a que lleguemos a ser Dios ontológicamente (es decir, en nuestro ser), sino a que, a través de la comunión con Cristo, los creyentes puedan estar "en Cristo" y llegar a ser conformes con su imagen. (nota añadida por el editor)

2 Mientras que la inauguración del Nuevo Pacto hizo que el Antiguo Pacto quedara inmediatamente obsoleto, se necesitaron décadas para que las implicaciones del Nueva Pacto se abrieran paso a medida que el Antiguo Pacto se desvanecía (Heb 8:13; Hechos 15:19-21, 28-29; 21:25).


Este recurso fue publicado originalmente en philgons.com.


Phil Gons es seguidor de Jesús, esposo de mi mejor amiga, padre de cuatro maravillosos hijos, VP y GM de Estudios Bíblico en Faithlife, doctor en teología por la BJU, estudiante de la Biblia de toda la vida, tecnófilo.

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