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La biblia de una madre

5/9/2021

La biblia de una madre

Hoy es el día de la madre, pero, aunque es un día qué celebrar, eso no quita ciertos hábitos, como por ejemplo el de checar mi correo después del desayuno. Hoy me topé con un artículo que escribió Tim Challies compartiendo una reflexión de Bishop Gilbert Haven sobre la biblia de su madre que me ha emocionado mucho y me ha hecho pensar. La reflexión es la siguiente:

En uno de los estantes de mi biblioteca, rodeado de volúmenes de todo tipo, sobre diversos temas y en varios idiomas, se encuentra un viejo libro, en su sencilla cubierta de papel marrón, poco atractivo a la vista, y aparentemente fuera de lugar entre los volúmenes más pretenciosos que están a su lado. A los ojos de un extraño, no tiene ciertamente ni belleza ni gracia. Sus tapas están desgastadas; sus hojas estropeadas por el uso; sus páginas, antes blancas, se han vuelto amarillas por el paso del tiempo; sin embargo, por viejo y desgastado que esté, para mí es el libro más hermoso y valioso de mis estantes. Ningún otro despierta tantas asociaciones, ni apela tanto a lo mejor y más noble que hay en mí. Es, o más bien era, la Biblia de mi madre, compañera de sus mejores y más santas horas, fuente de su indecible alegría y consuelo. De ella extrajo los principios de una vida y un carácter verdaderamente cristianos. Era la luz de sus pies y la lámpara de su camino. Estaba constantemente a su lado; y, a medida que sus pasos se tambaleaban en el peregrinaje de la vida, y sus ojos se oscurecían con la edad, más y más preciosas se volvieron para ella las páginas bien gastadas.



Una mañana, justo cuando las estrellas se desvanecían en el amanecer del próximo sábado, la anciana peregrina pasó más allá de las estrellas y más allá de la mañana, y entró en el descanso del sábado eterno, para mirar el rostro de Aquel de quien la ley y los profetas habían hablado, y a quien, sin haber visto, ella había amado. Y ahora, ningún legado es para mí más precioso que esa vieja Biblia. Los años han pasado, pero sigue ahí en su estante, elocuente como siempre, testigo de una hermosa vida que ha terminado, y un silencioso monitor para los vivos. En las horas de prueba y de dolor dice: *"No te abatas, hijo mío, porque aún alabarás al que es la salud de tu rostro y tu Dios"*. En los momentos de debilidad y temor dice: *"Sé fuerte ahora, hijo mío, y abandónate varonilmente"*. Cuando a veces, desde las preocupaciones y los conflictos de la vida externa, vuelvo al estudio, cansado del mundo y cansado de los hombres, de los hombres que son tan duros y egoístas, y de un mundo que es tan insensible, y las cuerdas del alma se han vuelto desafinadas y discordantes, me parece oír que el Libro dice, como con los tonos bien recordados de una voz largamente silenciada: *"No se turbe tu corazón. Porque, ¿qué es tu vida? Es incluso como un vapor"*. Entonces mi espíritu turbado se calma; y el pequeño mundo, que se había hecho tan grande y tan formidable, se hunde de nuevo en su verdadero lugar. Estoy en paz, soy fuerte.

No es necesario bajar el volumen de la estantería, ni abrirlo. Una mirada es suficiente. La memoria y la ley de la asociación hacen el resto. Sin embargo, hay ocasiones en las que ocurre lo contrario; horas en la vida en las que alguna pena más profunda ha perturbado el corazón, alguna nube más oscura y pesada está sobre el espíritu y sobre la morada, y en las que es un consuelo tomar esa vieja Biblia y buscar en sus páginas. Entonces, por un tiempo, se dejan de lado las últimas ediciones, los idiomas originales, las notas y los comentarios, y todo el aparato crítico que el erudito reúne a su alrededor para el estudio de las Escrituras, y se toma de la estantería la vieja y sencilla Biblia inglesa que fue de mi madre.

Oro a Dios que pueda dejar ese tipo de legado a mi hijo, que es, en realidad, el único legado que importa.

Que nuestros hijos puedan ver en nuestras vidas el reflejo de Dios, nuestra búsqueda de Él, nuestra necesidad por Él, cada día 🙏


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© 2021 Claudia Valdivieso