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Prosigo hacia la meta

Lo que Dios quiere que ores por tus hijos

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Desde el momento en que sostuve a mi bebé recién nacido en mis brazos por primera vez, comprendí mi completa dependencia del Señor de nuevas maneras. Convertirme en madre me hizo darme cuenta de mi propia incapacidad: había tanto que no podía controlar, tanto que no podía hacer, pero este pequeño bebé dependía de mí para que lo cuidara. Así que oré y pedí ayuda a Dios. Se convirtió en una conversación momento a momento, y adquirí una nueva comprensión de lo que era orar sin cesar:

Señor, ayúdala a ser capaz de amamantar.
Señor, ayúdame a entender por qué llora.
Señor, ayúdala a dormirse.
Señor, ayuda a que le baje la fiebre.
Señor, dame sabiduría.
Señor, ayúdame.

A medida que mis hijos han crecido, he seguido orando por las circunstancias diarias de sus vidas: amistades, deportes, salud, resultados de los exámenes. Y son cosas buenas para orar por nuestros hijos: el Señor nos invita a echar todas nuestras preocupaciones sobre él.

Sin embargo, al leer y estudiar las oraciones de Pablo por sus seres queridos, también me he dado cuenta de la importancia fundamental de orar por las necesidades espirituales de mis hijos. Algunos días, en el ajetreo de la vida, éstas se olvidan. Sin embargo, la mayor necesidad de mis hijos no es la felicidad temporal, sino el aumento de la santidad. La santidad y la felicidad no se oponen, sino que están íntimamente relacionadas. La santidad conduce a la verdadera felicidad: la alegría eterna de un alma arraigada en Cristo. Estoy orando por el mejor y más elevado bien de mi hijo cuando le pido a Dios que lo haga santo.

La oración de Pablo por los filipenses ha ayudado a guiar mis oraciones por su santidad de cuatro maneras.

"Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios" (Fil. 1:9-11).

Afecto

Deseamos con razón un buen comportamiento en nuestros hijos. (¡Por favor, deja de tirar tus Cheerios al suelo y de golpear a tu hermana!) Sin embargo, nuestro objetivo final es más que la obediencia externa, queremos el afecto interno por Dios. Al igual que Pablo, podemos orar para que el amor de nuestros hijos por el Señor crezca más y más con cada año que pasa. Sólo Dios puede darles corazones nuevos que latan con profundo afecto y deleite por Jesús. Que nuestros hijos amen al Señor con todo su corazón.

Conocimiento

Cada día nuestros hijos aprenden. Aprenden a atarse los zapatos, a contar hasta diez, a poner su plato en el lavavajillas, y un día, aprenderán a conducir un coche (esto les proporcionará una nueva oportunidad para orar sin cesar). También están aprendiendo sobre Dios. Oremos para que las historias bíblicas que aprenden, las escrituras que memorizan y los sermones que escuchan establezcan una sólida base de conocimiento que les proporcione una lente espiritual a través de la cual entiendan el mundo. Que nuestros hijos amen al Señor con toda su mente.

Discernimiento

Puede que hoy tu hijo esté luchando por decidir qué fiambrera elegir, pero un día tomará decisiones que marcarán el curso de su vida. Necesitarán discernimiento para saber qué amigos elegir, qué trabajo seguir y con quién casarse. Su capacidad para tomar decisiones sabias comienza con una correcta reverencia al Señor. Ora para que tu hijo sea capaz de discernir lo que es bueno y busque la sabiduría del Señor. Que nuestros hijos amen al Señor con toda su alma.

Frutos

A menudo pensamos en el éxito en términos de dinero, fama o excelencia académica. Sin embargo, la meta de Dios para nuestros hijos es algo más, algo mejor, algo eterno: una cosecha de justicia. No es algo que puedan alcanzar por sí mismos (o algo que podamos forzar). Es el fruto de un corazón que busca al Señor. A menudo intentamos producir justicia fuera de la relación, pero es sólo por el poder del Espíritu que nuestros hijos pueden florecer en personas de amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y autocontrol. Por eso, oramos, pidiendo al Jardinero de su alma que produzca una cosecha abundante. Que nuestros hijos amen al Señor con todas sus fuerzas.

Tenemos muchas esperanzas puestas en nuestros hijos. Queremos que estén sanos y sean felices y que las circunstancias vayan bien. Sin embargo, más que la salud perfecta o las circunstancias, nuestros hijos necesitan al Señor. Enséñales su palabra, enséñales a orar y, sobre todo, pídele al Señor que actúe en sus corazones, haciendo mucho más de lo que podemos imaginar.

Que nuestros hijos amen al Señor con todo su corazón.
Que nuestros hijos amen al Señor con toda su mente.
Que nuestros hijos amen al Señor con toda su alma.
Que nuestros hijos amen al Señor con todas sus fuerzas.


Este recurso fue publicado originalmente en risenmotherhood.com.


Melissa B Kruger

Escrito por Melissa B Kruger

Melissa B Kruger es la autora de "5 Things To Pray For Your Kids". Ideas frescas y bíblicas para ayudarle a orar por los niños, los adolescentes y todas las edades intermedias. Ora para que las cosas cambien para la próxima generación.

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